miércoles, 6 de febrero de 2008

"Sobre la religión"


Querida alumna, me preguntas, clavando tu pupila en mi pupila azul, por el hecho religioso, y yo, como fiel servidor de tus ansias de conocer, te respondo:
La religión nace desde la pulsión muy humana del deseo de trascender el misterio de la muerte, de dar respuesta a la desaparición de nuestros seres queridos y a nuestra propia e inevitable desaparición. El primer homínido que se preguntó frente al muñeco cadáver de su compañero/a ¿porqué? ¿adónde? ¿para qué? dió pie al nacimiento del mito religioso. Ya probablemente se había dado nombre a los meteoros y se les adoraba con la secreta pretensión de dominarlos desde la pleitesía, desde la súplica. El rito mortuorio fue lo siguiente a aquellas preguntas y de ahí nacieron liturgias que fueron poblando la realidad de la vida cotidiana. Esa cesura abrió paso a las estructuras sacerdotales de los avispados videntes o testigos de la divinidad que se fueron especializando en su cometido, liberándose del trabajo cotidiano, hasta dominar gran parte (sino toda) la organización de la realidad consensuada (cada vez menos) por la tribu.
El miedo a la muerte pues, genera el circo religioso. Es el triunfo de los malabaristas del miedo.
En la búsqueda del poder, de la dominación de los otros, es extremadamente provechoso esparcir el miedo y luego vender su antídoto. Un antídoto que sólo yo, que estoy en posesión de la verdad absoluta, fabrico. Las castas sacerdotales, a través de los tiempos, se han procurado poder y privilegios a base de trapichear con el miedo. Así pues podríamos definir el hecho religioso en su esencia como el conjunto de acciones basadas en lo irracional (la existencia de un ser superior sólo demostrable por la fe) que mediante la manipulación del miedo nos permiten acceder al dominio de las masas. Cierto es que esta definición se le podría aplicar tanto a las aseguradoras, los bancos, como a cierta manera de hacer política, pero es que todos los movimientos sectarios se parecen, cariño.
Tú no tengas miedo, Loli. El verdadero infierno, la verdadera ruina, el verdadero Satanás, el verdadero Señor de las Moscas, es el miedo. El miedo que paraliza, castra, corrompe, aborrega. ¡NO!. Tú no tengas miedo. Precaución un poco sí. Adopta la actitud del suricata, siempre vigilante (porque intentar darte en la cresta lo van a intentar seguro). Desconfía de los que primero te condenan (pecado original) y después te venden la salvación. ¡Bonito producto! Primero te enveneno y luego a cambio de tu sumisión te ofrezco el antídoto.
Estos chantajistas de verbo apocalíptico parasitan la actividad humana sin piedad. Cuelgan de las orejas de la sociedad panzudos, ahítos de sangre.
Cuídate, Loli, de las religiones, pero sobre todo de las monoteístas, las más sangrientas, intolerantes, excluyentes. Incluso algunas se refocilan en rituales en los que, simbólicamente comen el cuerpo de su Dios hecho hombre y beben su sangre en un aquelarre al que han dado en llamar Misa. ¡Antropofagia! ¡Teofagia! ¡Vampirismo!. ¡Jesús, la que han liado los que dicen que te siguen!. ¡Ay! ¡Siendo así que tu primera mirada no fué para el pecado, fué para el sufrimiento!. ¡Compasión!. ¡Menos caridad y más justicia! ¡Extra pauperes nulla salus!.
¡Uy! Perdona, Loli, es que cuando hablo de esto se me llevan los demonios (nunca mejor dicho).
Resumiendo: aléjate de estos comecocos, cultiva tu mente en la Filosofía (primero en toda, después en la que te parezca más exquisita), déjate llevar de vez en cuando por la fantasía, otro poco por la ciencia, investiga, duda con ciega certeza, huye de la Verdad Absoluta, abraza la Verdad Tendencia. Y si alguna vez, por curiosidad o por que sí, el cuerpo te pide religión, llámame. Llámame y te haré entrar en el mysterium iniquitatis para exorcizarte del mal religioso porque teologumenon nulla redemptio sine efusione sanguines. Es decir, te pones las braguitas azules (esas que me convierten en tonto de baba), te vienes a mi despacho a la hora del recreo (el primero, el largo), allí tú te vestirás de monjita y yo de lo que soy (un sátiro cincuentón) y, mientras desgranamos unas letanías nos daremos a un ludibrio preparatorio, después me contarás todos tus pecaditos, ladrona, y para el gran final nos refocilaremos en un bonito ritual didáctico coprolitúrgico de la primavera como exordio del mal de la represión sectaria. ¡Tú déjame hacer a mí que yo entiendo de esto! Te daré éxtasis místico-orgasmático (consulta en algún libro de Historia del Arte la Santa Teresa de Bernini).
Loli, cariño, ¡qué bruto me pones!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Julio 2007.

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