martes, 22 de abril de 2008
sábado, 15 de marzo de 2008
Sobre el sentido de la vida
¿El sentido de la vida?. ¿Debería tener un sentido? o ¿para qué saberlo?.
Ya sé, tú, tan joven... te gustaría ver algo en el horizonte. Un sendero bajo tus pies. ¡Ay!, esos porqués infantiles todavía repitiéndose en tu boca de fresa. ¿Porqué un sentido?. ¿Porqué no el caos?.
El sentido de la vida...
He salido esta mañana de casa, el naranja del sol naciente, quizá el canto de un pájaro, luego el coche, el instituto, he impartido mis clases, no te he visto, he andado en algún hueco entre horas los pasillos vacíos. Los pasillos vacíos son mi reino, marco el paso recorriéndolos mientras tarareo aquella melodía tan bonita de "Novecento". Nos imagino al frente de los huelguistas, yo chaqueta al hombro, tu con un niño en brazos. Una imposible imagen que se tragan las puertas, esas que se acercan tambaleándose, se abren y se cierran y otro pasillo y otro y otro y hola y adiós y se acabó y a la calle y ¿dónde te habrás metido?.
Mi mujer se ha ido hoy al Corte Inglés. He comido solo, en un chino. Tampoco estabas dentro del lollito de plimavela cuando lo he cortado. Sólo col y trocitos de jamón york. He vaciado una botella de vino y no, no estabas dentro.
El sentido de la vida...
Es una digestión cósmica. Comer y ser comidos. Digerir y ser digeridos. Y, antes de ser expulsados por el agujero del culo del Universo hacia una insondable cloaca, recordar tus braguitas azules. Es la memoria, Loli, la memoria, el ADN de los días, lo que sabes, lo que has sentido, lo que viviste, el motor, el asesino que te empuja al abismo del futuro. Quizá el sentido de mi vida sea una imagen que aparecerá en el último momento de mi agonía: el recuerdo de mi cara reflejada en tus ojos, el recuerdo de un paraíso perdido.
Tú no estarás allí, para entonces llevarás años casada o viviendo con tu novio de ahora u otro que vendrá después. Yo habré seguido con mi rutinario matrimonio y mi rutinaria vida.
¡Ay!, Loli, te echo de menos antes de perderte..
No faltes este jueves a nuestra cita.
¿El sentido de la vida?. El sentido de mi vida es un jueves por la tarde. El tuyo no lo sé, chocho. ¡Qué bruto me pones!. ¡Y qué melancólico!.
Manuel Maciá. Alicante, Febrero, 2008
Ya sé, tú, tan joven... te gustaría ver algo en el horizonte. Un sendero bajo tus pies. ¡Ay!, esos porqués infantiles todavía repitiéndose en tu boca de fresa. ¿Porqué un sentido?. ¿Porqué no el caos?.
El sentido de la vida...
He salido esta mañana de casa, el naranja del sol naciente, quizá el canto de un pájaro, luego el coche, el instituto, he impartido mis clases, no te he visto, he andado en algún hueco entre horas los pasillos vacíos. Los pasillos vacíos son mi reino, marco el paso recorriéndolos mientras tarareo aquella melodía tan bonita de "Novecento". Nos imagino al frente de los huelguistas, yo chaqueta al hombro, tu con un niño en brazos. Una imposible imagen que se tragan las puertas, esas que se acercan tambaleándose, se abren y se cierran y otro pasillo y otro y otro y hola y adiós y se acabó y a la calle y ¿dónde te habrás metido?.
Mi mujer se ha ido hoy al Corte Inglés. He comido solo, en un chino. Tampoco estabas dentro del lollito de plimavela cuando lo he cortado. Sólo col y trocitos de jamón york. He vaciado una botella de vino y no, no estabas dentro.
El sentido de la vida...
Es una digestión cósmica. Comer y ser comidos. Digerir y ser digeridos. Y, antes de ser expulsados por el agujero del culo del Universo hacia una insondable cloaca, recordar tus braguitas azules. Es la memoria, Loli, la memoria, el ADN de los días, lo que sabes, lo que has sentido, lo que viviste, el motor, el asesino que te empuja al abismo del futuro. Quizá el sentido de mi vida sea una imagen que aparecerá en el último momento de mi agonía: el recuerdo de mi cara reflejada en tus ojos, el recuerdo de un paraíso perdido.
Tú no estarás allí, para entonces llevarás años casada o viviendo con tu novio de ahora u otro que vendrá después. Yo habré seguido con mi rutinario matrimonio y mi rutinaria vida.
¡Ay!, Loli, te echo de menos antes de perderte..
No faltes este jueves a nuestra cita.
¿El sentido de la vida?. El sentido de mi vida es un jueves por la tarde. El tuyo no lo sé, chocho. ¡Qué bruto me pones!. ¡Y qué melancólico!.
Manuel Maciá. Alicante, Febrero, 2008
miércoles, 6 de febrero de 2008
"Sobre la verdad"
Querida, y nunca tan bien ponderada como te mereces, Loli. He pensado hoy hablarte de un interesante tema: la verdad.
La verdad es la definición de lo real, de lo que es. Pero lo real, la realidad, se construye, es un consenso. O sea, las percepciones que no pones en común con el otro, cariño, no son reales, o cuanto menos son subjetivas.
Esta demostrado que el ser humano construye la realidad perceptiva individual cada décima de segundo, así pues lo real está en constante revisión, por tanto la realidad y ,por extensión, la verdad no pueden ser absolutas, estáticas, inamovibles. La verdad es la tendencia de la percepción en esa décima de segundo. La verdad es tendencia. La verdad es evolutiva como el pájaro Chogüí, ese que canta bajo el cielo azul turquí.
Huye pues de las verdades absolutas, de los dogmas y de los dogmáticos, y de los libros sagrados e inapelables. Duda, amor, con ciega certeza. Y acércate al conocimiento como yo me acerco al milagro que tienes entre las piernas. Primero con la vista: esa cresta de vello dorado, los tonos rosáceos, los destellos ambarinos, esos tonos salmón en los pliegues. Después con el olfato: ese olor marino, algas y yodo con notas frutales. Luego el sabor: la esencia santa del Mediterráneo, la textura del molusco, redondo, persistente en boca, con fluidos salinos que se van aportando y alargan la sensación del delicado retrogusto, quizá melocotón, quizá papaya, quizá kiwi, quizá bacalao pil-pil, quizá la cococha. Y el tacto que también celebra su fiesta recorriendo la música de tus esferas.
Fundaré la Potorrología Lolística a partir de los estudios exhaustivos que realizaré con tu joya. Seré el catedrático emérito en la especialidad de tu entrepierna y sobre esa piedra edificaré mi iglesia. Subiré a los altares tu esto para que sea adorado por todos los mortales. En las romerías a tu Santa Ermita la gente se embriagará en honor de tu llaga alegre. Será preceptivo y recomendable que niños y mayores la besen en efigie expuesta bajo palio en el atrio. Porque obrará milagros. Curará la hidropesía y el dengue, el garrotillo y el baile de San Vito, los ictus y los bocios, las penas moras y los dolores producidos en el escroto por el exceso de gallardas. Pero, eso sí, sólo yo, Sumo Sacerdote del Santo Esto de Loli, tendrá acceso directo a la maravilla. Sólo yo, majestuoso, enfundado en mi capa pluvial y tocado con un pedazo mitra que ni la de Rouco Varela, podré desvelar la divinidad y, arrodillado ante ella, recorrer todo el ritual que, para resumir, consiste básicamente en comérmelo todo.
¿La verdad?. La verdad es que me pones muy bruto, Loli.
Ya sabes, el jueves a la misma hora. Con las braguitas azules sobre la Sagrada Llaga. Oficiaremos los ritos más largos y completos de nuestra Santa Liturgia. Así sea.
Tu profe:
Manuel Maciá Martinez
Alicante, Febrero 2008.
La verdad es la definición de lo real, de lo que es. Pero lo real, la realidad, se construye, es un consenso. O sea, las percepciones que no pones en común con el otro, cariño, no son reales, o cuanto menos son subjetivas.
Esta demostrado que el ser humano construye la realidad perceptiva individual cada décima de segundo, así pues lo real está en constante revisión, por tanto la realidad y ,por extensión, la verdad no pueden ser absolutas, estáticas, inamovibles. La verdad es la tendencia de la percepción en esa décima de segundo. La verdad es tendencia. La verdad es evolutiva como el pájaro Chogüí, ese que canta bajo el cielo azul turquí.
Huye pues de las verdades absolutas, de los dogmas y de los dogmáticos, y de los libros sagrados e inapelables. Duda, amor, con ciega certeza. Y acércate al conocimiento como yo me acerco al milagro que tienes entre las piernas. Primero con la vista: esa cresta de vello dorado, los tonos rosáceos, los destellos ambarinos, esos tonos salmón en los pliegues. Después con el olfato: ese olor marino, algas y yodo con notas frutales. Luego el sabor: la esencia santa del Mediterráneo, la textura del molusco, redondo, persistente en boca, con fluidos salinos que se van aportando y alargan la sensación del delicado retrogusto, quizá melocotón, quizá papaya, quizá kiwi, quizá bacalao pil-pil, quizá la cococha. Y el tacto que también celebra su fiesta recorriendo la música de tus esferas.
Fundaré la Potorrología Lolística a partir de los estudios exhaustivos que realizaré con tu joya. Seré el catedrático emérito en la especialidad de tu entrepierna y sobre esa piedra edificaré mi iglesia. Subiré a los altares tu esto para que sea adorado por todos los mortales. En las romerías a tu Santa Ermita la gente se embriagará en honor de tu llaga alegre. Será preceptivo y recomendable que niños y mayores la besen en efigie expuesta bajo palio en el atrio. Porque obrará milagros. Curará la hidropesía y el dengue, el garrotillo y el baile de San Vito, los ictus y los bocios, las penas moras y los dolores producidos en el escroto por el exceso de gallardas. Pero, eso sí, sólo yo, Sumo Sacerdote del Santo Esto de Loli, tendrá acceso directo a la maravilla. Sólo yo, majestuoso, enfundado en mi capa pluvial y tocado con un pedazo mitra que ni la de Rouco Varela, podré desvelar la divinidad y, arrodillado ante ella, recorrer todo el ritual que, para resumir, consiste básicamente en comérmelo todo.
¿La verdad?. La verdad es que me pones muy bruto, Loli.
Ya sabes, el jueves a la misma hora. Con las braguitas azules sobre la Sagrada Llaga. Oficiaremos los ritos más largos y completos de nuestra Santa Liturgia. Así sea.
Tu profe:
Manuel Maciá Martinez
Alicante, Febrero 2008.
"Sobre la religión"
Querida alumna, me preguntas, clavando tu pupila en mi pupila azul, por el hecho religioso, y yo, como fiel servidor de tus ansias de conocer, te respondo:
La religión nace desde la pulsión muy humana del deseo de trascender el misterio de la muerte, de dar respuesta a la desaparición de nuestros seres queridos y a nuestra propia e inevitable desaparición. El primer homínido que se preguntó frente al muñeco cadáver de su compañero/a ¿porqué? ¿adónde? ¿para qué? dió pie al nacimiento del mito religioso. Ya probablemente se había dado nombre a los meteoros y se les adoraba con la secreta pretensión de dominarlos desde la pleitesía, desde la súplica. El rito mortuorio fue lo siguiente a aquellas preguntas y de ahí nacieron liturgias que fueron poblando la realidad de la vida cotidiana. Esa cesura abrió paso a las estructuras sacerdotales de los avispados videntes o testigos de la divinidad que se fueron especializando en su cometido, liberándose del trabajo cotidiano, hasta dominar gran parte (sino toda) la organización de la realidad consensuada (cada vez menos) por la tribu.
El miedo a la muerte pues, genera el circo religioso. Es el triunfo de los malabaristas del miedo.
En la búsqueda del poder, de la dominación de los otros, es extremadamente provechoso esparcir el miedo y luego vender su antídoto. Un antídoto que sólo yo, que estoy en posesión de la verdad absoluta, fabrico. Las castas sacerdotales, a través de los tiempos, se han procurado poder y privilegios a base de trapichear con el miedo. Así pues podríamos definir el hecho religioso en su esencia como el conjunto de acciones basadas en lo irracional (la existencia de un ser superior sólo demostrable por la fe) que mediante la manipulación del miedo nos permiten acceder al dominio de las masas. Cierto es que esta definición se le podría aplicar tanto a las aseguradoras, los bancos, como a cierta manera de hacer política, pero es que todos los movimientos sectarios se parecen, cariño.
Tú no tengas miedo, Loli. El verdadero infierno, la verdadera ruina, el verdadero Satanás, el verdadero Señor de las Moscas, es el miedo. El miedo que paraliza, castra, corrompe, aborrega. ¡NO!. Tú no tengas miedo. Precaución un poco sí. Adopta la actitud del suricata, siempre vigilante (porque intentar darte en la cresta lo van a intentar seguro). Desconfía de los que primero te condenan (pecado original) y después te venden la salvación. ¡Bonito producto! Primero te enveneno y luego a cambio de tu sumisión te ofrezco el antídoto.
Estos chantajistas de verbo apocalíptico parasitan la actividad humana sin piedad. Cuelgan de las orejas de la sociedad panzudos, ahítos de sangre.
Cuídate, Loli, de las religiones, pero sobre todo de las monoteístas, las más sangrientas, intolerantes, excluyentes. Incluso algunas se refocilan en rituales en los que, simbólicamente comen el cuerpo de su Dios hecho hombre y beben su sangre en un aquelarre al que han dado en llamar Misa. ¡Antropofagia! ¡Teofagia! ¡Vampirismo!. ¡Jesús, la que han liado los que dicen que te siguen!. ¡Ay! ¡Siendo así que tu primera mirada no fué para el pecado, fué para el sufrimiento!. ¡Compasión!. ¡Menos caridad y más justicia! ¡Extra pauperes nulla salus!.
¡Uy! Perdona, Loli, es que cuando hablo de esto se me llevan los demonios (nunca mejor dicho).
Resumiendo: aléjate de estos comecocos, cultiva tu mente en la Filosofía (primero en toda, después en la que te parezca más exquisita), déjate llevar de vez en cuando por la fantasía, otro poco por la ciencia, investiga, duda con ciega certeza, huye de la Verdad Absoluta, abraza la Verdad Tendencia. Y si alguna vez, por curiosidad o por que sí, el cuerpo te pide religión, llámame. Llámame y te haré entrar en el mysterium iniquitatis para exorcizarte del mal religioso porque teologumenon nulla redemptio sine efusione sanguines. Es decir, te pones las braguitas azules (esas que me convierten en tonto de baba), te vienes a mi despacho a la hora del recreo (el primero, el largo), allí tú te vestirás de monjita y yo de lo que soy (un sátiro cincuentón) y, mientras desgranamos unas letanías nos daremos a un ludibrio preparatorio, después me contarás todos tus pecaditos, ladrona, y para el gran final nos refocilaremos en un bonito ritual didáctico coprolitúrgico de la primavera como exordio del mal de la represión sectaria. ¡Tú déjame hacer a mí que yo entiendo de esto! Te daré éxtasis místico-orgasmático (consulta en algún libro de Historia del Arte la Santa Teresa de Bernini).
Loli, cariño, ¡qué bruto me pones!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Julio 2007.
"Sobre la religión"
Querida alumna, me preguntas, clavando tu pupila en mi pupila azul, por el hecho religioso, y yo, como fiel servidor de tus ansias de conocer, te respondo:
La religión nace desde la pulsión muy humana del deseo de trascender el misterio de la muerte, de dar respuesta a la desaparición de nuestros seres queridos y a nuestra propia e inevitable desaparición. El primer homínido que se preguntó frente al muñeco cadáver de su compañero/a ¿porqué? ¿adónde? ¿para qué? dió pie al nacimiento del mito religioso. Ya probablemente se había dado nombre a los meteoros y se les adoraba con la secreta pretensión de dominarlos desde la pleitesía, desde la súplica. El rito mortuorio fue lo siguiente a aquellas preguntas y de ahí nacieron liturgias que fueron poblando la realidad de la vida cotidiana. Esa cesura abrió paso a las estructuras sacerdotales de los avispados videntes o testigos de la divinidad que se fueron especializando en su cometido, liberándose del trabajo cotidiano, hasta dominar gran parte (sino toda) la organización de la realidad consensuada (cada vez menos) por la tribu.
El miedo a la muerte pues, genera el circo religioso. Es el triunfo de los malabaristas del miedo.
En la búsqueda del poder, de la dominación de los otros, es extremadamente provechoso esparcir el miedo y luego vender su antídoto. Un antídoto que sólo yo, que estoy en posesión de la verdad absoluta, fabrico. Las castas sacerdotales, a través de los tiempos, se han procurado poder y privilegios a base de trapichear con el miedo. Así pues podríamos definir el hecho religioso en su esencia como el conjunto de acciones basadas en lo irracional (la existencia de un ser superior sólo demostrable por la fe) que mediante la manipulación del miedo nos permiten acceder al dominio de las masas. Cierto es que esta definición se le podría aplicar tanto a las aseguradoras, los bancos, como a cierta manera de hacer política, pero es que todos los movimientos sectarios se parecen, cariño.
Tú no tengas miedo, Loli. El verdadero infierno, la verdadera ruina, el verdadero Satanás, el verdadero Señor de las Moscas, es el miedo. El miedo que paraliza, castra, corrompe, aborrega. ¡NO!. Tú no tengas miedo. Precaución un poco sí. Adopta la actitud del suricata, siempre vigilante (porque intentar darte en la cresta lo van a intentar seguro). Desconfía de los que primero te condenan (pecado original) y después te venden la salvación. ¡Bonito producto! Primero te enveneno y luego a cambio de tu sumisión te ofrezco el antídoto.
Estos chantajistas de verbo apocalíptico parasitan la actividad humana sin piedad. Cuelgan de las orejas de la sociedad panzudos, ahítos de sangre.
Cuídate, Loli, de las religiones, pero sobre todo de las monoteístas, las más sangrientas, intolerantes, excluyentes. Incluso algunas se refocilan en rituales en los que, simbólicamente comen el cuerpo de su Dios hecho hombre y beben su sangre en un aquelarre al que han dado en llamar Misa. ¡Antropofagia! ¡Teofagia! ¡Vampirismo!. ¡Jesús, la que han liado los que dicen que te siguen!. ¡Ay! ¡Siendo así que tu primera mirada no fué para el pecado, fué para el sufrimiento!. ¡Compasión!. ¡Menos caridad y más justicia! ¡Extra pauperes nulla salus!.
¡Uy! Perdona, Loli, es que cuando hablo de esto se me llevan los demonios (nunca mejor dicho).
Resumiendo: aléjate de estos comecocos, cultiva tu mente en la Filosofía (primero en toda, después en la que te parezca más exquisita), déjate llevar de vez en cuando por la fantasía, otro poco por la ciencia, investiga, duda con ciega certeza, huye de la Verdad Absoluta, abraza la Verdad Tendencia. Y si alguna vez, por curiosidad o por que sí, el cuerpo te pide religión, llámame. Llámame y te haré entrar en el mysterium iniquitatis para exorcizarte del mal religioso porque teologumenon nulla redemptio sine efusione sanguines. Es decir, te pones las braguitas azules (esas que me convierten en tonto de baba), te vienes a mi despacho a la hora del recreo (el primero, el largo), allí tú te vestirás de monjita y yo de lo que soy (un sátiro cincuentón) y, mientras desgranamos unas letanías nos daremos a un ludibrio preparatorio, después me contarás todos tus pecaditos, ladrona, y para el gran final nos refocilaremos en un bonito ritual didáctico coprolitúrgico de la primavera como exordio del mal de la represión sectaria. ¡Tú déjame hacer a mí que yo entiendo de esto! Te daré éxtasis místico-orgasmático (consulta en algún libro de Historia del Arte la Santa Teresa de Bernini).
Loli, cariño, ¡qué bruto me pones!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Enero 2008.
La religión nace desde la pulsión muy humana del deseo de trascender el misterio de la muerte, de dar respuesta a la desaparición de nuestros seres queridos y a nuestra propia e inevitable desaparición. El primer homínido que se preguntó frente al muñeco cadáver de su compañero/a ¿porqué? ¿adónde? ¿para qué? dió pie al nacimiento del mito religioso. Ya probablemente se había dado nombre a los meteoros y se les adoraba con la secreta pretensión de dominarlos desde la pleitesía, desde la súplica. El rito mortuorio fue lo siguiente a aquellas preguntas y de ahí nacieron liturgias que fueron poblando la realidad de la vida cotidiana. Esa cesura abrió paso a las estructuras sacerdotales de los avispados videntes o testigos de la divinidad que se fueron especializando en su cometido, liberándose del trabajo cotidiano, hasta dominar gran parte (sino toda) la organización de la realidad consensuada (cada vez menos) por la tribu.
El miedo a la muerte pues, genera el circo religioso. Es el triunfo de los malabaristas del miedo.
En la búsqueda del poder, de la dominación de los otros, es extremadamente provechoso esparcir el miedo y luego vender su antídoto. Un antídoto que sólo yo, que estoy en posesión de la verdad absoluta, fabrico. Las castas sacerdotales, a través de los tiempos, se han procurado poder y privilegios a base de trapichear con el miedo. Así pues podríamos definir el hecho religioso en su esencia como el conjunto de acciones basadas en lo irracional (la existencia de un ser superior sólo demostrable por la fe) que mediante la manipulación del miedo nos permiten acceder al dominio de las masas. Cierto es que esta definición se le podría aplicar tanto a las aseguradoras, los bancos, como a cierta manera de hacer política, pero es que todos los movimientos sectarios se parecen, cariño.
Tú no tengas miedo, Loli. El verdadero infierno, la verdadera ruina, el verdadero Satanás, el verdadero Señor de las Moscas, es el miedo. El miedo que paraliza, castra, corrompe, aborrega. ¡NO!. Tú no tengas miedo. Precaución un poco sí. Adopta la actitud del suricata, siempre vigilante (porque intentar darte en la cresta lo van a intentar seguro). Desconfía de los que primero te condenan (pecado original) y después te venden la salvación. ¡Bonito producto! Primero te enveneno y luego a cambio de tu sumisión te ofrezco el antídoto.
Estos chantajistas de verbo apocalíptico parasitan la actividad humana sin piedad. Cuelgan de las orejas de la sociedad panzudos, ahítos de sangre.
Cuídate, Loli, de las religiones, pero sobre todo de las monoteístas, las más sangrientas, intolerantes, excluyentes. Incluso algunas se refocilan en rituales en los que, simbólicamente comen el cuerpo de su Dios hecho hombre y beben su sangre en un aquelarre al que han dado en llamar Misa. ¡Antropofagia! ¡Teofagia! ¡Vampirismo!. ¡Jesús, la que han liado los que dicen que te siguen!. ¡Ay! ¡Siendo así que tu primera mirada no fué para el pecado, fué para el sufrimiento!. ¡Compasión!. ¡Menos caridad y más justicia! ¡Extra pauperes nulla salus!.
¡Uy! Perdona, Loli, es que cuando hablo de esto se me llevan los demonios (nunca mejor dicho).
Resumiendo: aléjate de estos comecocos, cultiva tu mente en la Filosofía (primero en toda, después en la que te parezca más exquisita), déjate llevar de vez en cuando por la fantasía, otro poco por la ciencia, investiga, duda con ciega certeza, huye de la Verdad Absoluta, abraza la Verdad Tendencia. Y si alguna vez, por curiosidad o por que sí, el cuerpo te pide religión, llámame. Llámame y te haré entrar en el mysterium iniquitatis para exorcizarte del mal religioso porque teologumenon nulla redemptio sine efusione sanguines. Es decir, te pones las braguitas azules (esas que me convierten en tonto de baba), te vienes a mi despacho a la hora del recreo (el primero, el largo), allí tú te vestirás de monjita y yo de lo que soy (un sátiro cincuentón) y, mientras desgranamos unas letanías nos daremos a un ludibrio preparatorio, después me contarás todos tus pecaditos, ladrona, y para el gran final nos refocilaremos en un bonito ritual didáctico coprolitúrgico de la primavera como exordio del mal de la represión sectaria. ¡Tú déjame hacer a mí que yo entiendo de esto! Te daré éxtasis místico-orgasmático (consulta en algún libro de Historia del Arte la Santa Teresa de Bernini).
Loli, cariño, ¡qué bruto me pones!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Enero 2008.
"Sobre el amor"
El amor acaba cuando el otro se nos desvela, cuando la imagen sublime que elaboramos de la persona amada enfrenta la imagen real, su reflejo desprovisto de nuestras construcciones egóticas. En esa lucha, lo sublime, enajenado del objeto, se diluye, hace caer el velo mágico con el que adornamos el objeto amado. Desvelado, se nos muestra en toda su desnuda geometría. Y entonces, en ese conocimiento, en esa medida constatada, se aleja de nosotros, se polariza. La comunión que alimentaba el sentido de unidad se rasga cuando se rasga el velo y se hace evidente la imposibilidad de ser uno con el otro.
Hay una conciencia colectiva pero la consciencia es espantosamente individual. Se hace evidente la soledad infinita de la que sólo escapamos renqueando apoyados en las muletas de la comunicación, con el lenguaje, con los códigos, los consensos que construimos. Pero nuestra soledad es lo que ES, aquello que es real, es la verdad es Dios, La soledad ES. Y cuando el velo que nos une al ser amado - y que los vela y nos vela- cae, la certeza de la soledad (que es lo cierto, que es lo consciente) anula la ilusión del amor. De nuevo se implanta en nosotros la angustia de no ser completos. La soledad es la constatación de la imposibilidad de ser también el otro o lo otro.
Lo curioso es que, cuando follo contigo Loli, todas estas disquisiciones me importan una mierda. Vamos, que el amor será una puta ilusión, pero da gustito. Te espero el jueves en el mismo sitio a la misma hora. Ponte las braguitas azules, esas que me convierten en un tonto de baba.
¡Qué bruto me pones, Loli!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Diciembre 2007.
Hay una conciencia colectiva pero la consciencia es espantosamente individual. Se hace evidente la soledad infinita de la que sólo escapamos renqueando apoyados en las muletas de la comunicación, con el lenguaje, con los códigos, los consensos que construimos. Pero nuestra soledad es lo que ES, aquello que es real, es la verdad es Dios, La soledad ES. Y cuando el velo que nos une al ser amado - y que los vela y nos vela- cae, la certeza de la soledad (que es lo cierto, que es lo consciente) anula la ilusión del amor. De nuevo se implanta en nosotros la angustia de no ser completos. La soledad es la constatación de la imposibilidad de ser también el otro o lo otro.
Lo curioso es que, cuando follo contigo Loli, todas estas disquisiciones me importan una mierda. Vamos, que el amor será una puta ilusión, pero da gustito. Te espero el jueves en el mismo sitio a la misma hora. Ponte las braguitas azules, esas que me convierten en un tonto de baba.
¡Qué bruto me pones, Loli!.
Siempre tuyo, tu profe:
Manuel Maciá
Alicante, Diciembre 2007.
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